Los caminos del movimiento Maker son tan extensos que cada día nos llevamos nuevas agradables sorpresas. La globalización y la pura ecología hace que gentes de orígenes y culturas muy lejanas compartamos los mismos problemas, y podamos usar las mismas herramientas. Y de eso va esta noticia: de cómo en esta ocasión hemos compartido tiempo y esfuerzos con bellas gentes en Bolivia, donde han creado un prometedor Makerspace en San Ignacio de Velasco, en la región de la Chiquitanía.
Gracias a una convocatoria de proyectos impulsados desde la Oficina de Cooperación y Acción Solidaria de la Universidad de Extremadura y la Agencia Extremeña de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AEXCID) hemos participado, junto a la ONGD Paisaje, Ecología y Género (PEG), la ONG Centro de Capacitación y Servicio para la Mujer (CECASEM), y la Universidad Privada de Santa Cruz de la Sierra, nos permitió realizar distintas acciones, tanto a distancia como en el lugar.
En esta entrada contamos nuestro viaje a la región de la Chiquitanía, en el departamento de Santa Cruz de la Sierra, el más extenso de Bolivia, un paraíso natural, en pleno mar verde amazónico.
Lo contaremos día a día. Días muy intensos, que pasaron fugaces, pero que dejaron un rastro indeleble en nuestros corazones.
Día 1:
12 octubre de 2025
Cada cual llegados de un lugar, nos juntamos Beatríz Fadón, Aitor Terán, y Antonio Gordillo en el Aeropuerto Adolfo-Suárez en Madrid para coger el vuelo directo Madrid-Santa Cruz de la Sierra a las 21:30h, con la aerolínea Boliviana de Aviación. Resultó un vuelo tranquilo aunque algo incómodo. Lo normal. Clase turista, bastante ruido y asientos estrechos.
Llegamos al Aeropuerto Viru Viru en Santa Cruz de la Sierra a las 2:00h, donde un agradable taxista nos está esperando con un cartel con nuestros nombres. Nos lleva sin tráfico durante media hora por las amplias y aparentemente tranquilas avenidas de la capital hasta el Hotel Chairu, donde nos espera el amable recepcionista. Un agradable hotel con una visión de paz, naturaleza y cuidado, en una ciudad que no es precisamente relajada.




Día 2:
13 octubre de 2025
A la mañana temprano nos esperan en la puerta del hotel Wara Delgadillo, Hernán Romero y Martín Martínez, personal de la ONG CECASEM, que nos acompañarán durante todo el viaje y nos facilitarán toda la logística inicial, que será mucha. Vienen con una furgoneta Ford Ranger, pickup con 5 plazas, con la que pasaremos la primera semana. Vaya viajes nos esperan en ella.
El ambiente en la ciudad de día fue muy distinto que por la noche. La ciudad es un frenesí de tráfico, ruido y polvo. Santa Cruz tiene una famosa distribución de anillos con avenidas radiales que hace que sea relativamente fácil desplazarse, aunque las distancias son largas por el tráfico denso. Hay un grave problema de distribución de gasoil que hace que se formen colas de varias horas, incluso días, para repostar. Cada manzana con una gasolinera tenía ocupado un carril de calle con una cola kilométrica de coches, camiones y buses, esperando para repostar. El clima es algo caluroso y húmedo, estábamos a principios de verano y a final de la temporada seca, con máximas de unos 35º.
Comenzamos las visitas a distintas universidades con las que contactamos previamente, y que cuentan con espacio de fabricación digital en sus instalaciones. Desde el primer contacto se mostraron muy receptivas y accesibles.
Arrancamos con la Universidad Evangélica Boliviana, formada por varios edificios alrededor de un precioso jardín. Nos recibió la directiva de la Facultad de Ciencia e Ingeniería, el decano Rodrigo Trigo, y el ingeniero Jose Carlos Rojas, responsable de algunos de los talleres que visitamos Quedamos impresionados con su parte de electricidad y mecánica, sus talleres amplios y bien dotados. Nos tenían preparados unos diplomas para conmemorar la visita, que quedarán entre nuestros más bellos documentos. Compartieron con nosotros algunos de sus últimos proyectos, y en particular nos impactó el proyecto del profesor Roberto Vera, sobre análisis de los fuegos descontrolados que ocurren en el bosque seco amazónico, con sensores de muy bajo coste y recursos limitadísimos. Es una línea de investigación que tiene clara aplicación en todos los países que sufren de incendios forestales, cada vez peores y más frecuentes.





Seguimos con la visita a la Universidad Privada Franz Tamayo, donde nos esperaba el siempre amigable George Pazos, conocido de otros eventos globales de la red de fablabs, junto a su pareja Verónica Ágreda, rectora de la universidad. Nos mostraron sus muy bien diseñados fablab y edificio. Un solo bloque, con un amplio patio central, que acoge tanto aulas, como laboratorios punteros. Con muy buen ambiente y bastante céntrico en la ciudad. En su fablab, grupos de 20 voluntarios desarrollan sus proyectos cada trimestre, a la vez que contribuyen al mantenimiento y mejora de un joven espacio. Nos maravilló su sección de biomateriales e impresión 3D. Y los billetitos de compensación por las tareas realizadas por la comunidad. ¡Muy buen trabajo!












Comimos en un lugar algo extraño, típico y céntrico, siguiendo el consejo de Hernán, después de pasar por 4 o 5 lugares aún más extraños. Comida pesada, bastante carne con arroz, o maíz. Buffet libre de verduras cocidas o a la parrilla. La mayoría de ellas no habituales en Europa. Volvimos al hotel cansados, deseosos de una noche tranquila después del viaje.

Día 3:
14 octubre de 2025
Comenzamos de nuevo la mañana temprano con Hernán y Martín. Hoy sería un día intenso: dos visitas más a universidades y recopilar todos los materiales para marchar, a la tarde, hacia San Ignacio de Velasco, y viajar de noche.
Comenzamos visitando la Universidad Privada de Santa Cruz de la Sierra, donde nos esperaba el profesor Santiago Solís, para enseñarnos sus espacios de fabricación digital, en la Faculta de Arquitectura y Diseño. De nuevo, espacios muy amplios, maquinaria de calidad, bien ordenada, y muy bien utilizada. Nos encantaron sus diseños de losas para suelos adoquinados, sus figuras impresas en 3D con acabados brillantes, y su distribución de espacios entre madera, metal y maquinaria ligera. Aprovechamos la ocasión para visitar sus espacios de diseño, patronaje y fabricación textil, que también nos parecieron excelentes. En la UPSA Además vemos los muchos avances de las alumnas de diseño industrial en la implementación de soluciones agroganaderas dentro de este proyecto para las comunidades en la Chiquitanía. Nos maravillan sus diseños de riegos automáticos y de trampas cromáticas para evitar plagas de insectos.














Bajo un sol intenso, continuamos las compras de suministros para el Makerspace de San Ignacio de Velasco, encontramos buenos distribuidores de materiales y herramientas mientras íbamos de anillo en anillo.





Visitamos a medio día la Universidad Católica de Bolivia en Santa Cruz, donde la profesora Erika Paz nos esperaba en la Facultad de Arquitectura y Diseño. De nuevo, nos enseñaron sus últimos proyectos realizados con tecnologías de fabricación digital. Modelos espectaculares de propuestas arquitectónicas para distintos emplazamientos; sostenibles, atractivas, evocadoras. Sus instalaciones son sencillas, funcionales y con muchas posibilidades de uso. Igual que en las anteriores, la amabilidad y estupenda recepción nos dejó encantados.



Las cuatro universidades visitadas se mostraron más que dispuestas a colaborar en el futuro, tanto en intercambios académicos como científicos. Además, gracias a la iniciativa hemos reforzado los lazos de unión entre ellas, lo que esperamos que derive en una red boliviana de fablabs universitarios, como se ha formado recientemente en España, y a la que la UEx pertenece.
Al atardecer, tras recoger los últimos materiales, unas láminas de madera que debían cortarse previamente, arrancamos nuestro viaje de ida a San Ignacio de Velasco. Con la Ford Ranger hasta arriba de materiales, los equipajes bien cubiertos contra el polvo o la lluvia, y un buen racimo de plátanos encima. Un viaje de unos 450 km y en los que se emplean sobre 8 horas. Solo la mitad por carretera asfaltada. No muchas curvas, aunque las suficientes como para hacer sufrir a estómagos delicados. Paramos a mitad de camino en San Ramón, donde no teníamos más apetito que para una bolsa de plátano frito, y mucha agua. Antonio tuvo un mareo tan grande que prefirió conducir durante unos kilómetros, pálido y sudoroso… Suele pasarle, nada grave.




Llegamos a San Ignacio de Velasco de madrugada, sobre las 3h. Nos esperaban en el Hotel Parador Santa Ana nuestras habitaciones, ya en la Chiquitanía. Solo al día siguiente nos daríamos cuenta del lugar al que habíamos llegado.
Día 4:
15 octubre de 2025
Despertamos a las 6h con el repicar de las campanas, largo y polifónico. En la Chiquitanía los días arrancan temprano.
Nos juntamos para desayunar algo más tarde en el precioso patio del hotel, repleto de vegetación. Todo el mobiliario y la edificación hechas de madera, salvo las características tejas de arcilla. Las edificaciones resultan familiares, no tanto las instalaciones eléctricas o el ambiente sonoro. Las duchas calientan el agua con una resistencia propia, que debe encenderse con un interruptor cercano. El sonido es extraño continuamente: zumbidos eléctricos, insectos, pájaros exóticos, motores horrendos, y gentes con un hablar suave y sosegado.
La plaza, cuadrada perfecta, con la iglesia en una esquina, atravesada por paseos diagonales y repleta de árboles gigantes, muchos frutales. Con un modelo similar en todas las ciudades de la Chiquitanía, fundadas por la Compañía de Jesús desde 1691 hasta 1767, en que la compañía fue expulsada, hoy consideradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Los edificios de baja altura están soportados por vigas y columnas de madera durísima, talladas con motivos tradicionales. Los tejados, todos cubiertos con teja roja producida localmente, tan típica también en el sur de Europa. Pura cultura y patrimonio. Exótico y familiar a la vez.
Frente a la puerta de nuestro hotel, una casa de dos alturas con muchas antenas. Un negocio de telecomunicaciones del que sin periodicidad aparente surgía un chirrido agudo y persistente, puro ruido eléctrico, que al principio desconcertaba. A su lado, patios flores de colores vivos, y con plantas de troncos muy finos de tres o cuatro metros, del que colgaban gordas frutas que después reconocimos como deliciosas papayas.







Conocemos al resto del estupendo equipo de CESASEM, Víctor Juchaní, Wara Delgadillo, Erik Huariste y Michaela Soriagalvarro, directamente implicados en el arranque del Makerspace de San Ignacio de Velasco, solo en marcha desde enero de 2025. Llevan ya varios años en proyectos de emprendedurismo en mujeres chiquitanas y de fomento de técnicas de producción agroganaderas sostenibles.
Justo hoy organizamos la Mesa Redonda online sobre Gobernanza y Sostenibilidad con varios actores potentes de la red global. Disfrutamos y aprendemos mucho de las experiencias de Agustín Aretio, de Diputación de Cáceres, Manuel Martínez, de la Universidad Politécnica de Valencia, Mario Suárez, del FP_Makerspace-Brasil, y por encima de todos, con Delia Barriga, del Fablab Perú. El informe de la sesión puede descargarse aquí.



Comimos en un bonito lugar típico, de nuevo mucha carne. Pollo, cerdo, o ternera, con acompañamiento de arroz o maíz. Por la tarde visitamos más tranquilos el Markerspace de San Ignacio de Velasco, situado en la con un solo espacio, aunque amplio y muy bien aprovechado. Descargamos todos los materiales que habíamos traído y ayudamos a Víctor, el coordinador del MSIV, en su colocación. Estos espacios tienden a la acumulación de materiales y componentes, por lo que el orden es fundamental. Ya están usando sus máquinas para fabricar cajas, gavetas, o perchas estupendas.
Dimos un paseo por el lago junto a San Ignacio. Una zona de recreo popular, con cabañas para hacer barbacoas, campo de fútbol y un pequeño embalse en el que se bañaban los niños. Plantas sorprendentes, alguna de ellas con un fruto ultraligero que una vez pelado se utiliza como esponja de baño. Visitamos la pequeña oficina de información turística. Allí Eduardo, llamado familiarmente Papío, que fue guarda del parque nacional más bonito, conservado y biodiverso, el Noel Kemp Mercado, muy amablemente nos informó de los atractivos más cercanos.


Después habíamos quedado con Ana, Teresa, Bea y Marcela, amigas de Beatriz colaboradoras de anteriores proyectos, poderosas mujeres emprendedoras chiquitanas. Nada más llegar Ana nos obsequió con unos cacahuetes asados deliciosos, con y sin caramelo. Compartimos unos espectaculares helados y nos recomendaron algunas visitas. Nos buscaron el taxi de otra mujer, sobrina de Dilio Salas, un sabio de la cultura y cosmogonía chiquitana al que visitamos esa misma noche, en su propia casa, el museo Museo Chanama Ta Chanaitzo.
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Ismar Dilio Salas Dorado, nos contó brevemente su larga y provechosa vida. Desde pequeño fue llevado de la selva a la ciudad de Santa Cruz, donde se reían de él por ir descalzo. Aprendió alemán, ruso, inglés, y japonés. Visitó países, subió montañas, y nadó ríos muy lejanos. Ejerció como profesor de historia durante 30 años. Es experto tallista y pintor. Ha escrito más de 100 libros, de historia y filosofía. En ellos recupera, a partir de los cuentos y canciones populares, la cosmogonía chiquitana. Es decir las ideas tradicionales de la creación y funcionamiento de la Naturaleza. Con sus propias tallas de madera y dibujos. Nos contó la historia de los dos hermanos que se separan, arriba y abajo, y cómo cada animal, desde la serpiente al águila, comenzando en el agua y llegando a las montañas, definen el progreso de la humanidad. Nos contó sobre las 7 almas distintas, el alma que respira, el que sangra, el que vuela, el alma que llora… Y cómo enseñan a los niños a cuidar y proteger cada una. Si quieres proteger al alma que respira, cuidado al entrar en el agua. Primero lanza migajas, o gusanitos, para ver si hay pirañas, después lanza palos por si hay caimanes, después entra muy despacio, con las manos por delante, por si hay palos afilados. Y después aprende a flotar y dejar que el agua te lleve, o no, adonde quieras.






Con muchísima información en las cabezas, vuelve a por nosotros la misma taxista, que nos lleva de vuelta, ya de noche cerrada, hacia un poco de descanso.
Día 5:
16 octubre de 2025
Despertamos temprano con las campanas, gallos, y zumbidos variados. Desayunamos ligero y nos preparamos para comenzar las visitas a las comunidades alrededor de San Ignacio con las que colaboramos en este proyecto, y que ya venían colaborando desde hace unos años con las ONGs que nos acompañan.
Alrededor de San Ignacio de Velasco, capital de la provincia de Velasco, en el departamento de Santa Cruz, viven más de 60.000 personas, distribuidas en una zona geográfica muy amplia, con al menos 200 comunidades dispersas. Bolivia tiene baja densidad de población, con unos 12 millones de habitantes, distribuidos en más de un millón de kilómetros cuadrados. Osea unos 10 hab/km2, mientras que España tiene unos 94 hab/km2. La dispersión geográfica en áreas de difícil acceso dificulta el acceso a los servicios básicos, abastecimiento y comercio.

Comenzamos visitando la comunidad de San Rafaelito de Suponema, situada a unos 30km por camino desde San Ignacio. El camino hasta allí muestra buena parte de la desolación que están causando las explotaciones agroganaderas. Tanto el cultivo industrial, de maíz y soja, como la ganadería bovina están deforestando grandes regiones de la Amazonía sin ningún tipo de control aparente. Haciendo que se parezca cada vez más a granjas de las grandes llanuras del “salvaje oeste”, que a una parte del enorme y rico bosque amazónico. Esto está provocando, aparte de pérdida de biodiversidad, problemas graves de falta de agua, por las lluvias más escasas, debidas a la falta de evapotranspiración vegetal, y por el diezmo de los recursos subterráneos, por el exceso de pozos con fines agroganaderos.






Al llegar a San Rafaelito, la plaza vacía, ningún negocio, pero sí una bella pancarta de bienvenida junto a la bandera de Bolivia en la Casa del Pueblo, para recibirnos muy calurosamente. Con gran parte del pueblo allí reunido, nos esperaba la banda infantil con sus violines para tocarnos algunas de sus músicas barrocas tradicionales. Sí: violines, ángeles y música barroca. Herencia europea de la que están muy orgullosos. Después de la banda infantil clásica europea, tocaron los mayores, con sus instrumentos típicos: flauta, tambores y zambomba, cuatro hombres alegres tocando música festiva. Por supuesto, nos sacaron a bailar y disfrutamos de lo mal que lo hacíamos.
Nos tenían preparado un gran banquete comunitario. Cada cual había traído algún plato cocinado en casa, todos recibimos un muy generoso plato con arroz, verduras, pollo y ternera… Y para beber, chicha; maiz dulce cocida y triturada hasta producir una energética y refrescante bebida. Alrededor de las 11:30h. Después de la comida, visita para mostrarnos sus huertos y gallineros. En la comunidad, gallinas, pollos, perros, gatos, cerdos y todo tipo de naturaleza conviven rodeados de bosque. En San Rafaelito viven unas 85 familias. Los hombres adultos brillan por su ausencia, ya que suelen trabajar fuera durante meses. Hay muchas mujeres y familias numerosas. Visitamos la escuela, muy limpia y ordenada, con sala de ordenadores, y útiles espacios de convivencia.
Paseamos por los alrededores visitando diferentes huertos, con sus bancales bien distribuidos con tierra oscura bien fértil, sus composteras, y sus espectaculares árboles frutales. Nos contaban sus avances y problemas mientras veíamos por todos lados maravillas. Del mismo suelo rojo arcilloso salían vetas de mica, un mineral blanco, semitransparente, que parecían láminas de plástico enterradas, y que luego vimos cubriendo las alas de los ángeles de las iglesias. Las flores, los colores y tamaño de los árboles nos tenían impresionados.








Acabamos la visita y volvimos en nuestra pick-up por el camino, tan accidentado que rompimos una de las ballestas de la suspensión en el bache de un cambio de rasante, ¡con dos mujeres montadas en la parte trasera! Se debieron llevar un sustito. Martín consiguió que la volvieran a soldar en un taller cercano.
Llegamos exhaustos a la tarde, y a Beatriz aún le quedaron fuerzas para visitar la comunidad de San Antonio del Cerro, algo más cercana y en lo alto de una de las pocas zonas elevadas junto a San Ignacio de Velasco.

Aitor y Antonio se quedaron en San Ignacio conociendo un poco la ciudad, incluido un maravilloso artesano de las rocas y semillas que trabajaba tranquilamente en la plaza, y que nos contó mucho sobre los minerales de la zona, nos vendió varios maravillosos colgantes, y nos obsequió con un amuleto de mineral especial para cada uno. ¡Tenía un saquito lleno de rocas semipreciosas y hacía bellísimos engarces!
Cenamos algo ligero, después del día de viaje movidito.
Día 6:
17 octubre de 2025
Nos esperaban de nuevo a las 7:30h Hernán, Martín, Víctor, Wara, Micaela y Eric para dos nuevas visitas a comunidades cercanas. Esta vez visitamos primero San Rafaelito de Sutuniquiña, donde nos esperaba otra maravillosa recepción, con música, banquete, bellas palabras de las caciques locales, y obsequios de artesanía local. Qué gente más agradable y agradecida. Después de otro banquete a media mañana, visitamos bajo un buen sol huertos bien dispuestos en un lugar donde con dificultad llega la electricidad, y por supuesto no hay agua corriente. La fortaleza de las mujeres nos maravilló. Aún más cuando visitamos su taller de alfarería, con la estupenda Verónica, a unos metros del pueblo, donde se preparan piezas de todos los tamaños con barro local, cocido en hornos tradicionales, alimentados por maderas que en Europa serían valiosísimas. Visitamos el “chaco” (huerto en el bosque) de una de las mujeres y pasamos por hornos de ladrillos en medio de la selva, hasta llegar a un bello huerto repleto de árboles de papayas. Debía haber al menos 80 árboles de más de 3 metros, con 10 kilos de papayas maduras cada uno, y no tenían siquiera 5 meses de vida. Exhuberancia tropical. Con las manos pegotosas de coger papayas volvimos a la furgoneta y partimos hacia la siguiente comunidad: Sañonama.















Llegamos a Sañonama a medio día y, de nuevo, nos tenían preparados un fantástico concierto de violines, música tradicional, bailes, y un banquete colaborativo. La cacique de la comunidad nos dio la bienvenida en castellano, luego su madre nos la dio en idioma chiquitano (también llamado vesiró). En la comida, cada mujer nos contaba el plato que había preparado, que incluían carne, pescado de río, y las verduras cosechadas allí. De nuevo, hospitalidad deliciosa, muy buen ambiente, y paseo después de comer para enseñarnos sus huertas y granjas. De nuevo, tenían sus huertos excelentemente cuidados, algunos con riegos por goteo, bien divididos, fertilizados y bien protegidos del calor extremo con lonas. Alrededor, árboles repletos de frutas exóticas, la mayoría comestibles. Nos dieron una frutita buena para el dolor de tripa, con hueso grande, cáscara marrón y cuerpo esponjoso anaranjado, que olía a queso agrio. Y se veían árboles de mango de más de 20 metros de altura, con cientos de kilos de gruesas frutas, con cierto peligro de que te cayeran en la cabeza.








Llegaba el fin de semana, las Elecciones Generales en Bolivia, y buscamos un poco de turismo rural por si hubiera algún lío en la ciudad, cosa que no ocurrió. Vimos varias caravanas de apoyo electoral, y charlamos amigablemente con mucha gente sobre política. Nos pareció un pueblo muy bien educado y consciente de su pasado, así como de sus contradicciones y retos futuros.
Decidimos viajar hacia la zona de Roboré y Santiago de Chiquitos, famosa por esta a la vera del la Unidad de Conservación del Patrimonio Natural (UCPN) Tucabaca, con más de 250.000 hectáreas de bosque tropical seco único, con ríos, humedales y formaciones montañosas. Además Bea Capobianco, una de las amigas de Beatriz, tiene unas cabañas para visitantes en Santiago por lo que nos pareció ideal.
Cogimos un cómodo autobús en San Ignacio de Velasco, a las 15:30h, para llegar hasta San José de Chiquitos, a más de 150 kilómetros. Las estaciones de autobuses son un ecosistema en sí. Decenas de puestos de billetes para cada una de las compañías de transporte. Cada cual con unos destinos y horarios fijos. Compramos el billete con tiempo y no hubo problemas, pero es muy habitual que no haya billetes para los siguientes transportes.
En la estación, se ven muchos menonitas, grupo religioso cristiano radical que predica la vida sencilla y en comunidades aisladas. Todos los hombres con petos negros y camisas claras. Todas las mujeres con vestidos largos y pañuelos en el pelo, coloridos en las niñas y negros en las mujeres. Muchos rubios con ojos azules, todos hablando su propio idioma basado en el alemán antiguo. Nos miraban disimuladamente con extrañeza, dado nuestro aspecto. No parecíamos bolivianos, ni brasileños, ni norteamericanos, ni mochileros…
Tuvimos otro ejemplo de preciosa ayuda desinteresada cuando nos quedamos sin tarjeta SIM en el móvil, en la estación, y el amable nieto de una vendedora de comida nos vio apurados, nos ofreció su ayuda, y nos solucionó el problema llamando a la operadora e introduciendo los códigos adecuados. Un joven de veintitantos años, que bromeaba con su abuela diciendo que él sería el presidente y ella la alcaldesa.

Llegamos a San José de Chiquitos ya al atardecer, y conseguimos un taxi que nos acercase a Roboré, donde teníamos reservado un hotel. Al llegar a Roboré, de madrugada, ni siquiera el taxista consiguió encontrar el hotel a la primera. Roboré es una ciudad con un cuartel, un casino, algunos hoteles, y un río que divide la ciudad, y que tiene solo dos puentes. Solo una calle está asfaltada y acaba súbitamente con dos montones de graba en medio. Nuestro hotel estaba apartado, al otro lado del río. Llegamos a las 2h y despertamos a la encantadora chica, que nos estaba esperando para darnos las llaves de nuestras habitaciones.




Cada viaje en Bolivia resulta complicado, no solo por las carreteras sin asfaltar, sino por la escasez de combustible, que hace que las empresas de transporte, incluídas las asociaciones de taxis, tengan las rutas muy limitadas. Un taxista no te lleva a donde tú desees, sino hasta donde le permite su combustible. Todos los taxistas y conductores fueron agradables y profesionales. Siempre contando historias del lugar y avisando de los peligros de la zona. En este caso estábamos cerca de la frontera con Brasil, por lo que el mayor peligro es el tráfico ilegal, de drogas, coches o armas. El consumo de coca masticada está bastante extendido, en ambos sexos, aunque no es generalizado. En la zona de alturas es más habitual. Los animales de la zona son relativamente inofensivos, salvo las víboras, ya que no hay humedales con caimanes o jaguares. No tuvimos la sensación de mucho alcoholismo en la zona, ni de inseguridad, o pobreza extrema.
Día 7:
18 octubre de 2025
Despertamos en el Hotel Safari, en Roboré, y después de un desayuno no demasiado placentero, con un lagarto de más de medio metro paseando cerca nuestra, que parece que solo comía huevos, decidimos viajar cuanto antes a Santiago de Chiquitos a las cabañas de Bea Capobianco, cuyo abuelo da nombre al colegio de San Rafaelito de Suponema. Bea es otra mujer maravillosa que, además de su negocio de catering, hace una labor social impresionante buscando apoyos para mantener una guardería para los pequeños de mujeres sin recursos.
Nos vino a buscar un taxi y en menos de una hora estábamos en Santiago de Chiquitos. Ahí es donde realmente llegamos a la paz. Y realmente nos pareció un paraíso, después de varios días de viajes y estreses sin parar. Teníamos una preciosa habitación para cada uno, con una sencilla cocina en una sala con vidrieras, un vecindario maravilloso, que nos ofrecía la comida que preparaban, y una tienda sorpresa, en mitad de la nada, donde pudimos comprar todos los productos básicos para hacer nuestra propia cocina, después de tantos días de comida exótica. Cómo echábamos de menos un sencillo revuelto de verduras con algo de mayonesa y pan. Y café de puchero, como antaño.










Descansamos, por fin. A la tarde dimos un agradable paseo por los alrededores de Santiago, acompañados por una manada de simpáticos perros callejeros. Pasando cerca de pájaros territoriales que nos pasaron volando demasiado cerca. Llegamos al inicio de varias rutas muy prometedoras. La única indicación que vimos indicaba claramente que era necesario un guía local para hacer las rutas, aunque no parecía muy largas. Menos mal que no nos atrevimos a hacer las rutas solos. Santiago de Chiquitos no tiene ninguna calle asfaltada, ni servicio de recogida de basura, aún así se respira un ambiente limpio y tranquilo. Las edificaciones son amplias y muchas modernas.
Dormimos pronto después de quedar con Alejandro, nuestro guía para la ruta del día siguiente, al Arco Grande y a las Cuevas de Juan Miserendino. Prometía.
Día 8:
19 octubre de 2025
Aunque los gallos de Santiago ya nos habían despertado sobre las 3:30h, a las 8h de la mañana nos esperaba Alejandro con sus botas de cuero y su machete, para llevarnos hasta la zona alta, a ver el Arco Grande y luego adentrarnos en uno de los valles para llegar a varias cuevas, con pinturas rupestres y una larga historia. Alejandro es economista, y gerente de uno de los hoteles del lugar, y nos contaba que mucha gente de Santa Cruz compra terrenos para hacer casas que luego no disfrutan, dada la lejanía.
Desde el principio la ruta transcurría por un camino estrecho, lleno de vegetación y troncos atravesados, cuesta arriba y rodeados de ruidos extraños. Había llovido la noche anterior, por lo que las plantas estaban aún agradablemente húmedas. Sonaban loros, pájaros silbantes, insectos voladores, y el susurro de las plantas y hojas al pasar sobre ellas. La travesía se hizo llevadera ya que hacía buena temperatura. Al llegar a la zona alta la vegetación cambió radicalmente, se abrió el claro y disminuyó la densidad de árboles. En su lugar, monte bajo y árboles dispersos, y formaciones graníticas extrañas en la altura. El calor allí era más sofocante. El suelo lleno de rocas brillantes rojas y amarillas, estábamos en zona de minerales pesados. Llegamos al gran arco después de atravesar un precioso río rojo con aguas superficiales, lleno de pequeñísimos escarabajos que huían al sentir las ondas.







Bajo el espectacular arco, buena sombra, pero varios nidos de avispas naranjas de unos 6 centímetros que nuestro guía decía que “ardían” bastante. No paramos bajo el arco…



Seguimos ahora cuesta abajo hasta un valle sombrío donde se encontraba la primera cueva. Repleta de pinturas rupestres muy realistas y bien conservadas. Y con una cruz en recuerdo de un ladrón de bancos argentino que se refugió allí varios años con su aliado en su último golpe. Igualmente centenares de avispas naranjas en la cueva no daban mucha tranquilidad. Una belleza de cueva, aunque la mejor estaba por venir.





Continuamos a la siguiente cueva pasando por riachuelos y más rocas graníticas. Comenzaron los helechos. Extraños helechos formados por largas hojas que crecen desde espirales, con troncos de varios metros de altura. Dicen que estos mismos helechos, extremadamente longevos, ya estaban allí cuando los dinosaurios se paseaban por la Tierra. ¡Increíbles! Llegamos por fin a un túnel que llevaba a un gran arco abierto en el que caía una cascada de unos 10 metros y daba entrada a una cueva. ¡Menuda cueva! Después de pasar por otro túnel estrecho con el agua por los tobillos llegamos a una ancha galería subterránea de más de 10 metros de altura, por donde entraba un perfecto haz de Sol por un estrecho agujero. La gruta se abría en distintos corredores, que daban lugar a más y más habitáculos, un auténtico laberinto enterrado. Alejandro decía que algunos exploradores han conseguido llegar al otro lado de la montaña siguiendo la gruta. Por supuesto no nos atrevimos a adentrarnos. En su lugar, tomamos reposo en un auténtico paraíso. Con el sonido de una cascada en el oído izquierdo, y el del río subterráneo que salía la cueva en el oído derecho. A la sombra, con una temperatura perfecta. Comimos algo de fruta y cereales, bebimos abundante agua, y nos preparamos para volver.
Sin darnos cuenta ya había pasado el medio día, y anochece temprano. Volvimos cuesta abajo a buen ritmo, atravesando nubes de mariposas blancas y azules. En total andamos unos 15 kilómetros, que con desnivel y por el bosque se hacen algo cansados. Alejandro a la vuelta masticaba coca. Solo Aitor sufrió un accidente, al golpearse en la cabeza con una rama de árbol que no vió al saltar un riachuelo.








Día 9:
20 octubre de 2025
Nos esperaba el viaje de vuelta desde Santiago hasta San Ignacio. El principio fue sencillo, contactamos el día anterior con un estupendo taxista que a las 6h estaba esperándonos en la plaza para llevarnos hasta San José. Después de un precioso viaje por carretera, atravesando el bosque al amanecer y viendo la Piedra de Cochís, con las leyendas contadas por el simpático y experimentado taxista, llegamos a San José a las 7:30h.


Pretendíamos coger el autobús de las 9:30h, pero no había plazas, el siguiente saldría a la 1:30h ¡de la madrugada! Tampoco había ya posibilidad para coger chufis (coches con ruta fija que parten al llenarse de pasajeros) hasta las 15:30h. Buscamos la opción de un “viaje express” osea una ruta para varios pasajeros con un solo destino. Un taxista gigante se mostró dispuesto a llevarnos, siempre que pasáramos antes por casa de su amigo para llenar el depósito, y a por su “pivita”, osea su esposa, para compartir el viaje. Un viaje de 150 km por el bosque hasta San Ignacio no se hace todos los días… Nos pareció un precio justo por la única opción de viaje de la que disponíamos.



Recogimos el gasóleo, a su esposa, a su hija, compramos comida y bebida y nos dispusimos para otro viaje largo por medio del bosque, por una carretera sin asfaltar. Nos despedimos de San José, entre el polvo, y nos dirigimos al norte. La carretera es amplia, los coches van indistintamente por un carril o por otro, las curvas son escasas. Se atraviesan continuamente explotaciones agrícolas y ganaderas, y pueblos muy distantes entre sí. Nuestro taxista saluda amablemente a todo el mundo. Cada parada, que fueron tres, la furgoneta parecía que no volvería a arrancar, pero arrancó cada vez. Todo el viaje, fue la esposa adormilada en la toalla que cubría su ventana, mientras la niña y el padre cantaban y bailaban compenetrados canciones de reggaeton, tomando bebidas energéticas y golosinas. Un viaje tranquilo, a pesar de la forma de conducción extremadamente relajada.
Llegamos a San Ignacio de Velasco a medio día. Esta vez dormiríamos en el Hotel La Misión, algo más cómodo que el anterior. Descansamos después de comer en el restaurante del hotel. Algo de comida internacional, también bastante pesada. La sopa minestrone tenía un enorme trozo de carne de ternera cocida, y por los lados del plato de la ensalada César sobresalía un gran filete de pollo empanado. La dieta vegetariana es muy difícil de seguir en la zona.
Dedicamos la tarde a visitas los mercados de artesanía locales, que son varios y tienen preciosidades. Sobre todo, ropas ligeras de algodón y lino, tallas de madera, objetos de cerámica, y bisutería hecha con piedras semipreciosas, semillas o cáscaras. El mercado de San Ignacio se extiende en varias calles, y está sorprendentemente ordenado por “gremios”. Una calle con tiendas de ropa, otra con ferreterías, otras calles con comestibles, otras con talleres de motos, otra de coches, otra de abogados, etc.





El cambio de moneda es muy extraño. El cambio oficial es aproximadamente 6 bolivianos por cada dolar americano. Osea unos 8 bolivianos por euro. Y ese es el cambio si pagas con tarjeta o sacas dinero del banco. La realidad es que el cambio de euro a boliviano en la calle se paga a casi 13 bolivianos el euro, incluso más. Osea que es ventajoso llevar dinero en metálico y cambiarlo allí. Las casas de cambio son relativamente escasas, pero existen, y algunos comerciantes te pueden cambiar moneda sin problema a un precio razonable.
Nos acostamos temprano ya que al día siguiente volvíamos con la actividad intensa. A las 7:30h habíamos quedado con el Alcalde de San Ignacio.
Día 10:
21 octubre de 2025
A las 6:30, mientras estábamos desayunando, nos avisó Wara de que la reunión con el Alcalde se había adelantado a las 7h. Fuimos al Ayuntamiento, en la misma plaza, donde nos esperaba el segundo desayuno seguido del día.
Tomamos un café con dulces típicos con el Alcalde, que nos contó su preocupación continua por las 200 comunidades que “le han llevado a donde está con su voto”. Su preocupación principal es el agua potable, que actualmente distribuyen en camiones para llenar depósitos comunitarios. Pide a Beatriz que apoyemos su solicitud de financiación gubernamental para la excavación de nuevos pozos. Cuestión que excede de nuestras capacidades y en la que no estamos del todo de acuerdo como solución, pero que no podemos evitar apoyar.



Nos realizan entrevistas para la radio y televisión locales. Explicamos en directo la iniciativa del Makerspace de San Ignacio y el proyecto de cooperación internacional que nos lleva hasta allí. Se muestran muy agradecidos e interesados por la iniciativa.
Antes de ir al Makerspace, visitamos la Facultad Integral Chiquitana de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno (FAICHI-UAGRM), en San Ignacio de Velasco. En este centro se estudian Zootecnia, Agropecuaria, Contaduría Pública y Derecho, títulos muy enfocados en las necesidades formativas de la región, y donde estudian centenares de personas de la Chiquitanía. De nuevo, la atención de su equipo directivo, decano y vicedecano, fue excepcional. Quedaron muy dispuestos para futuras colaboraciones y se mostraron deseosos de enseñar las instalaciones del Makerspace a parte de su alumnado, como harían al día siguiente.
Tras la visita, llegamos a la escuela donde se encuentra el Makerspace. Allí nos esperan Víctor, Erik y Micaela, junto con las autoridades académicas de la Escuela, y de la Unidad Educativa Regional. Nos tenían preparado un acto formal, con altavoces, himnos, banderas, oraciones, y una pequeña charla de cada una de nosotras. Tras el acto arrancamos las sesiones formativas.



Optamos por aprovechar estos pocos días de presencialidad para enseñar a utilizar una potente herramienta de diseño gráfico vectorial: Inkscape. Un software gratuíto, multiplataforma, y que interactúa muy bien con la maquinaria de fabricación digital, como cortadoras láser, fresadoras CNC, o cortadoras de vinilo. Serían dos sesiones a cada grupo, de dos horas cada una. Un total de 8 sesiones en 2 días y medio, intenso. El público era variopinto, algunos jóvenes ya sabían de manejo básico de herramientas de diseño, la mayoría no estaba acostumbrada a usar un ordenador. Conseguimos dar cabida a grupos de 12 personas, con 6 ordenadores y sus mesas respectivas. Ya el primer día, nos dimos cuenta de la importancia de tener un ratón en cada ordenador, lo que conseguimos para el día siguiente.
Todas las sesiones del primer día fueron muy de iniciación, para enseñar la navegación por la aplicación y las herramientas de dibujo básicas: formas geométricas, trazos, letras, colores, etc. Algún grupo fue más rápido que otro, pero todos se fueron muy contentos. La mayoría fueron mujeres emprendedoras de las comunidades participantes que hicieron un gran esfuerzo para asistir, algunas asistieron con sus bebés e hijos pequeños. Los profesores acabamos exhaustos pero contentos. Al día siguiente, más sesiones para acabar fabricando algo.
Generamos un pequeño repositorio con los contenidos de las sesiones formativas, que pueden ser impartidos con mayor o menor profundidad.
Día 11:
22 octubre de 2025
De nuevo, desayuno temprano para acudir pronto al Makerspace. Hoy sería el día completo de sesiones formativas. Y por la tarde esperábamos a los alumnos de la FAICHI, qué ilusión.
Todo fue según lo planeado. Volvieron los grupos que habían venido el día anterior y utilizaron ya con cierta soltura el software de diseño. Cada uno de los grupos diseñó un bello llavero con algún motivo típico: ángeles chiquitanos, filigranas barrocas, bellas mujeres con un cántaro en la cabeza. Preciosos. Con la ayuda de Víctor, fabricamos con láser algunas unidades en los materiales que habíamos traído.
Por la tarde, lleno absoluto. El vicedecano de la FAICHI asistió con más de 20 alumnos y aprovechamos la ocasión para contar el proyecto de la UEx, PEG y CECASEM, así como para mostrar algunos ejemplos de uso de la maquinaria. Quedaron encantados con la gorra de cuero, cortada y grabada con láser, cosida a mano con llamativos colores, fabricada en Cáceres por Jonás Rivas, que les dejamos allí como fuente de inspiración.




Acabamos por la noche, cenamos ligero y nos preparamos para el siguiente día, que aprovecharíamos para visitar las misiones cercanas y conocer a un artesano, tallista local increíble. Y por la noche, coger el autobús que ya nos llevaría de vuelta a Santa Cruz de la Sierra. Nuestro viaje se acababa.
Día 12:
23 octubre de 2025
Queremos conocer un poco mejor las misiones de la Chiquitanía, patrimonio mundial de la UNESCO desde 1990. Ejemplos tremendos de fusión cultural americana y europea. Están muy bien conservadas y en uso actualmente, a pesar de haber pasado por periodos de abandono.
Acordamos con un taxista una ruta por las tres misiones más cercanas durante la mañana. A medio día, nos llevaría de vuelta a San Ignacio.
Comenzamos visitando Santa Ana. Tras un viaje de más de media hora por un camino bacheado llegamos a un pequeño pueblo prácticamente vacío. No había ni un solo negocio o tienda aparente. Solo vimos a niños en el centro de la plaza, recibiendo clase con su profesor. El taxista decía que seguramente la mayoría estaba en San Rafael, donde hoy se celebraba una fiesta local.





Paseamos alrededor de la bella iglesia de la misión, cerrada pero con un pequeño agujero en la mosquitera de la ventana por el que pudimos hacer algunas fotos. Se notaba el brillo pálido de la mica en las paredes. Bonita iglesia, lástima no poder entrar.
Nos dirigimos a una charca cercana, por dar un paseo, y a continuación vamos al santuario de El Viborón. Ni siquiera el taxista había ido allí antes y merece la pena verlo. Es una escultura ancestral de una gran serpiente de más de 10 metros. Elaborada en piedra volcánica negra. En algún momento de la historia, le cercenaron la cabeza y parte del cuerpo, pensando que ocultaba tesoros. Ya ha sido reconstruida. Bajo una edificación de madera, en carteles se cuenta la historia de la gran serpiente como “portadora de civilizacion”, que enseñó a las personas el camino hacia las zonas habitables, en las alturas, mientras les transportaba en su lomo. Historia compartida por decenas de pueblos en América y Oceanía. De ahí, por ejemplo, el simbolismo que tiene la forma del rombo, la cabeza de gran serpiente, que se encuentra incluso en las columnas de la iglesia en Santa Ana. Un lugar remoto, con un monumento ancestral, apenas indicado, aunque bien documentado.










Continuamos hacia San Rafael, donde no pudimos llegar en mejor momento. Efectivamente estaban de festividades y justo en ese momento entraba en la iglesia la comitiva oficial, rodeada de música, banderas y espectadores. Muy hermoso, al igual que la iglesia, que en esta ocasión sí pudimos visitar. El interior de la iglesia de San Rafael es espectacular. Jamás habíamos visto nada parecido en cuanto a tallas de madera y revestimientos con mica. Columnas talladas en troncos gigantes, brillos de oro y mica en el retablo y las alas de los ángeles, el púlpito completo forrado de mica, incluida la baranda de la escalera. Un tejado de madera y cañas por dentro, y millares de tejas arriba. Verdaderamente único, exótico y a la vez familiar.








Tomamos un refresco, “personal”, de 600ml, y unos plátanos fritos, con ruido de dos músicas distintas a todo volumen en cada oído, y continuamos nuestra ruta a la última misión en San Miguel. Aprovechamos para comprar algunos regalos textiles para los niños de la familia. Preciosos vestidos, patucos y gorritos bordados.
Llegamos a San Miguel a la hora de la comida, sobre las 13h. De nuevo, casi nadie en la calle. La iglesia cerrada, solo niños en la parte de atrás esperando con sus violines para comenzar sus clases. Solo pudimos ver el bello patio trasero, el campanario, y la gran estatua tallada de San Miguel matando al diablo. Buscamos un lugar para comer y pasamos por varios lugares anunciados en GoogleMap que realmente no existían. Suele pasar. Afortunadamente en la plaza pudimos comer en un sencillo restaurante una rica sopa y un churrasco de pollo. Nos fue a por el agua y el café a otro negocio vecino, y no había cerveza, pero nos sentó muy bien la comida. Volvimos a San Ignacio sobre las 15h.






Por la tarde, habíamos conseguido gracias a Micaela quedar con el famoso tallista, lutier de violines que sabíamos que vivía en San Ignacio. ¡Qué otro gran descubrimiento!
Fuimos a casa de Luis Armando Landívar, que nos abrió las puertas de su taller. Qué amabilidad y sencillez por parte de un reconocido escultor, de alcance mundial. Nos contó cómo su técnica nunca incluye máquinas eléctricas. Cómo él podría pulir y hacer brillar a la madera, pero prefiere dejar la marca de “su mano” en cada superficie. Cómo aprendió a tallar la madera llamada “quebraferro”, por su extrema dureza, modulando la fuerza y cuidando infinitamente el filo de su herramienta. Cómo jamás usa barnices, solo cera, o si acaso aceites vegetales. Cómo aprendió a hacer violines por la escasez de instrumentos en la zona, usando madera de cedro y buscando distintas combinaciones locales, con la voluta formando un ángel chiquitano. Cómo algunas de sus obra están en la Casa Real Española, o en manos del expresidente Aznar. Cómo rechazó la oferta de vivir en Valencia, donde se sentía tan solo e intranquilo. Un excelente artista, lleno de humanidad. Quedamos alucinados con sus tallas en madera en troncos gigantes. Su filosofía de trabajo consiste en estimar primero cuántos días tardará para una obra, luego ceñirse en cuerpo y alma a acabarla en esos días; solo esos días, ni uno más, ni uno menos. Un sabio maestro.










Al lado, la casa de su hermano, Óscar Landívar, denominada la “Casa de Papá”. Un auténtico museo etnográfico de la región chiquitana. Su familia tenía un rico pasado, ligado en principio a las armas, y después a la cultura. Su abuela y su madre habían sido profesoras de música. Sus antepasados fundaron los primeros periódicos de la zona. Su abuelo fue masón… Menudas historias y menudos objetos. Estaba el primer proyector de cine que hubo en la región, que fue un regalo de John Fitzgerald Kennedy, a la familia de un niño que lo había invitado y nombrado padrino de su bautizo, escribiéndole una carta. El expresidente les contestó que lamentaba no poder asistir al evento pero que les enviaba ese regalo. Menudo lugar de recuerdos, muy bien ordenados y contados por los dos hermanos Landívar. Requeteagradables e instructivas visitas.










Volvimos a la plaza, sobre las 19h para tomar nuestra última cena con Eric y Micaela, unas hamburguesas a las que no pudimos evitar que nos invitaran. Qué maravillosa pareja de ingenieros agrícolas. ¡Dos collas en medio de los canvas! Osea, gentes del oeste de Bolivia, tierras muy altas y frías, viviendo en el este, donde casi no hay montes y el calor es tremendo. Están haciendo un trabajo sensacional con CECASEM desde hace ya varios años. A las 20h comenzamos a buscar un taxi para recoger nuestras maletas y dirigirnos a la terminal de buses, donde ya teníamos reservado nuestro “Champion” a las 21:30h para hacer el viaje de vuelta a Santa Cruz de noche, en un confortable autobús.
Fuimos incapaces de encontrar un solo taxi en toda la ciudad, a pesar de estar incluso Eric en su moto por el mercado dando vueltas a la búsqueda. Ni siquiera los mototaxis que paramos consiguieron un vehículo mayor. Finalmente usamos tres mototaxis para llevarnos a nosotros y a nuestras maletas. Otra aventura… Mochila cargada a la espalda, maleta de más de 25kg sobre una pierna, en la parte de atrás de una moto, de noche por los baches de San Ignacio. De nuevo, no había otra opción y nos dió resultado. Como siempre, amabilidad extraordinaria.
Tomamos nuestro autobús nocturno, tras despedirnos con mucha pena de San Ignacio y las tantas bellas personas conocidas allí.


Día 13:
24 octubre de 2025
Tras la incomodidad del viaje de ida, la vuelta fue todo lo contrario. En el autobús teníamos asientos similares a los de primera clase en los aviones, que se convertían en camas completas. Llegamos a Santa Cruz sobre las 7:30h y teníamos todo el día hasta coger nuestro vuelo a las 22h, en el aeropuerto ViruViru. Decidimos dejar nuestro equipaje en consigna y pasar el día el centro de la ciudad, para conocer parte de su vibrante actividad cultural.
La terminal de buses y sus alrededores son un hervidero de gente. Hay negocios para todo. Y mucha gente que vende billetes a voces fuera de los puestos oficiales. Usamos cómodamente la aplicación Yango para conseguir transporte en taxi hasta el centro.

En la plaza tomamos un café… Estábamos más bien cansados. Ya en marcha, visitamos en campanario de la Catedral basílica de San Lorenzo, con su hermoso mecanismo de reloj, a la vista.


En sus traseras, además de encontrar un estupendo mercado de artesanía, puede pasearse por Manzana 1, un espacio de arte que cumplió 20 años recientemente. Disfrutamos con las coloridas pinturas e impactantes esculturas de varios artistas contemporáneos bolivianos. Geniales. No nos imaginábamos que Santa Cruz tenía tal cantidad de museos y espacios de arte.










De paseo por las calles icónicas con adoquines hexagonales de Santa Cruz, con un fuerte toque de arquitectura tradicional española. Casas con porche a la calle, sujeto con gruesas columnas de madera, con patios interiores llenos de verdor. La gente apresurada y amable, los cables eléctricos enmarañados, casi a ras de suelo, grandes iglesias de congregaciones religiosas con estilos muy distintos. Buscando más energía, visitamos el Orquideario, un bonito café temático donde probamos extraño café: café orange, con zumo de naranja y frutas del bosque en almíbar… Muy ácido, con un toque extradulce en el fondo. Realmente nos espabiló, justo lo que buscábamos.


Continuamos visitando el Museo de Santa Cruz de la Sierra, donde pudimos aprender más de la historia de esta importante ciudad. Su fundación por el extremeño Nuflo de Chávez, su desarrollo, sus auges y crisis, su diseño arquitectónico, tradicional y moderno a la vez. Releímos su himno, con clara mención a la aportación española. En el patio, un grupo de jóvenes cantando hip-hop informalmente.



Visitamos la Casa Melchor Pinto, un influyente médico y político boliviano del siglo XX. La casona histórica fue convertida en un vibrante centro de arte y cultura donde se celebran decenas de exposiciones al año.
Comimos algo rápido de comida “japonesa ligera” en una galería con mucho encanto. Allí, junto a una tienda de alimentación de productos ecológicos, un simpático uruguayo enamorado de las bicicletas nos enseñaba su “máquina de hacer zumos”. Con la que enseñaba, allá adonde iba, cómo se transforma la energía humana en un producto fresco y sano.


De vuelta a la plaza central, visitamos la basílica, compramos estupendas prendas de lana, y recuerdos del viaje, en el paseo artesanal La Recova. La plaza era un hervidero de gente alegre, con un multitudinario desfile de bandas de música que sembraba los alrededores de jóvenes con uniformes e instrumentos, y familiares exultantes.

Acabamos la tarde visitando el Museo de Arte Contemporáneo de Santa Cruz de la Sierra, también localizado en un relevante edificio histórico. Entre sus frescos del patio, puede observarse un mapa de Bolivia con zonas negras, que son los territorios perdidos durante las duras guerras con sus países vecinos.

El museo tiene exposiciones de varios artistas bastante impactantes. Quedamos impactados en particular por la reconocida obra del pintor, escultor y ceramista de gran formato Lorgio Vaca. En su patio trasero disfrutamos de un par de paredes con frescos modernos.





A la salida no podemos evitar entrar otra galería, cine y teatro. Varias salas amplias en la que se celebra una convención de aficionados al manga y ánime. Está repleta de jóvenes con puestos de venta de camisetas, pegatinas, todo tipo de objetos, hechos por ellos mismos, de sus héroes japoneses. Otro ejemplo más de globalización.
Debemos volver ya a la terminal de buses para recoger nuestras maletas de consigna, y llegar a ViruViru, el aeropuerto. Es viernes, hora punta, por lo que el tráfico es denso. Llegamos sin problema, atravesando una larga feria típica, con norias, castillos hinchables, coches eléctricos… Nos despedimos del ruido y el polvo de la ciudad, al llegar al moderno aeropuerto, ya noche cerrada.
Con las maletas repletas, casi pasadas de peso, al igual que en la ida, pasamos no solo el control de seguridad del equipaje de mano habitual, sino la ronda olfativa de un perro policía justo antes de entrar en el avión, en el pasillo de la puerta de embarque. Está estrictamente prohibido llevar coca, aunque sea hoja seca, o “medicinal”.
Día 14:
25 octubre de 2025
Hacemos un viaje tranquilo de vuelta, de nuevo de noche. Salimos a las 22:30h bolivianas, y llegamos a las 13:30h españolas. Al llegar a Madrid, nos despedimos y volvemos a separar. Aunque sabemos que este viaje nos ha unido para siempre.
El viaje solo ha sido un parte de un proyecto que va mucho más allá. Las personas que hemos conocido, las relaciones institucionales abiertas, los proyectos y problemas comunes descubiertos. Son más y más razones como para continuar estas líneas de colaboración con un pueblo tan amable y hospitalario, en un país lleno de diversidad y riqueza, natural y cultural.
Estamos muy agradecidos con el recibimiento y el apoyo prestado por las universidades bolivianas, así como profundamente impresionados por las comunidades chiquitanas visitadas. Su gratitud, generosidad y cercanía, a pesar de la lejanía, nos ha emocionado.
Agradecemos enormemente tanto a la Oficina de Cooperación y Acción Solidaria de la UEx, como a la Agencia Extremeña de Cooperación Internacional al Desarrollo (AEXCID), la oportunidad proporcionada con este proyecto, que continuará en el futuro.